Si empiezas el día con el móvil, ya has perdido. Y si lo haces a diario, imagínate. Te propongo un ritual matutino para programar tu mente con el Core de tu trabajo… antes de que las prisas y los demás lo hagan por ti.
Suena el despertador. Abres un ojo. Y antes de que tus pies toquen el suelo, tu mano ya está buscando el teléfono en la mesita de noche.
Desbloqueas la pantalla y… ¡zás!
Un whatsapp de un cliente de anoche. Dos correos con la apariencia de urgencia. Una noticia alarmista en Twitter. Y esa notificación de Teams que ya te avisa de que vas tarde a algo que ni sabías que tenías.
En unos pocos minutos, has perdido el control de tu día. Ahora piensa un segundo si esto es así todos los días.
Físicamente has despertado, sí. Pero mentalmente has entregado las llaves de tu Foco y Energía a lo de otros. Ya no eres el conductor de tu día… sino el copiloto que va reaccionando a los volantazos que dan otros. Es así cómo lo esencial siempre pierde.
La respuesta no es madrugar más. Tampoco ir más rápido. O buscar auxilio en el software o un prompt de una IA. La solución es menos ruidosa. Y más sencilla: programar tu mente antes de que otros la programen por ti. Y programarla con el código del Core del trabajo.
Con un ritual de dos pasos.
El Ritual de Mañana: “Despierta tu Core”
El problema no es que tengas muchas urgencias. El problema es que tu “software de prioridades” tarda en arrancar, y si no lo cargas tú manualmente al despertar, el “software de reacción” se carga solo por defecto.
Los profesionales enfocados no tienen menos lío que tú. Simplemente actúan de forma distinta al arrancar el día.
Llevo años refinando esto. He pasado por épocas de levantarme a las 5:00 AM y épocas de levantarme con el tiempo justo. Y lo único que se mantiene, lo que realmente protege mi Core del ruido, es este pequeño ritual de dos pasos.
La buena noticia: no te llevará más de cinco minutos, pero cambiará por completo cómo te enfrentas al día.
Paso 1: La Pregunta de Oro (Antes de Tocar el Móvil)
Esto es sagrado: no desbloqueas el teléfono hasta que respondas esta pregunta.
Mientras te lavas la cara, preparas el café o te arreglas, pregúntate:
“Si hoy solo pudiera terminar UNA cosa para irme a la cama satisfecho profesionalmente, ¿cuál sería?”
Ojo, no te pregunto qué tienes que hacer (seguro que tienes que hacer mil cosas). Te pregunto cuál es esa única cosa que es capaz de mover la balanza de lo que te importa. Cuál es tu Core de hoy.
Y aquí va una pista: el Core casi siempre es lo que evitas.
No es contestar 20 emails. No es esa reunión de seguimiento. Es:
- Escribir el primer borrador del informe que llevas 3 semanas esquivando.
- Revisar esos números que sabes que no cuadran pero prefieres no mirar.
- Decidir de una vez qué hacer con ese cliente que te consume energía y no aporta.
La respuesta debe ser una sola cosa. No tres. Una.
Y solo cuando la tengas clara, puedes encender el móvil. Ese cortafuegos mental de 5-10 minutos protege tu día entero.
Paso 2: El Anclaje Físico (No se te Olvida)
Aquí es donde la mayoría falla. Lo piensan, dicen “ah, sí, el informe”, y luego se meten en la ducha y se les olvida.
Tienes que sacarlo de tu cabeza. Escríbelo.
Yo uso un post-it pequeño o una libreta que dejo siempre abierta en mi mesa. Escribo esa tarea Core en grande. Y dejo el papel encima del teclado del ordenador o pegado en la pantalla.
¿Por qué? Porque cuando finalmente te sientes a trabajar y enciendas la máquina, lo primero que verás no será la lista de correos gritando “¡mírame!”. Verás tu propia letra recordándote tu compromiso contigo mismo. Es tu faro en medio de la niebla.
Poner negro sobre blanco, es una especie de “contrato visible” que le dice a tu mente: “Eh, atención, esto es en lo que tienes que centrarte por encima del ruido”.
Hace un mes, escribí en un post-it: “Terminar propuesta Cliente X”. Lo pegué en la pantalla. A las 10:00 AM, mi correo gritaba con 15 urgencias. Pero ese papel amarillo me recordó que había elegido otra batalla. Y la gané.
“Es que Mis Mañanas son un Caos…”
Y puedes estar pensando: “Vale. Eso está muy bien para quien vive zen, pero yo tengo niños y salgo corriendo con el desayuno en la boca”.
Lo entiendo. Yo también tengo mis cosas y algunos días son de locos. Pero no confundas el ritual con la calma.
Puedes definir tu Core mientras le atas los zapatos a tu hijo. O cuando vas hacia el coche. Puedes mantener el cortafuegos en el metro escuchando música, no leyendo noticias. Puedes escribir tu prioridad en una nota del móvil si no tienes papel (aunque no te lo recomiendo, terminarás abriendo lo que no debes).
No es una cuestión de tiempo, es una cuestión de intención y enfoque atencional. Hay días en los que mi ritual dura 30 segundos: el tiempo que tardo en beber un vaso de agua y decidir que hoy mi prioridad es grabar el podcast.
Decide Quién Manda sobre tu Día
Al final, esto va de quién manda sobre tu día: tu atención moldea tus acciones, ellas construyen tus prioridades… y tu vida termina siendo lo que te importa.
No te engañes: cada mañana se libra una feroz batalla por tu atención. Si no tomas el mando en esos primeros minutos, el algoritmo, un cliente o las noticias lo tomarán por ti. Y a ellos les importa un bledo lo que es esencial para ti.
Mañana, cuando suene el despertador, haz esto:
- Pregúntate la pregunta del millón mientras preparas el café (sin mirar el móvil).
- Escribe tu respuesta en un post-it antes de encender el ordenador.
- Deja ese papel donde lo veas toda la mañana.
Despierta tu Core antes de que el ruido desvíe tu rumbo. Y aunque nunca vas a poder hacer todo lo que te gustaría, esa intención y foco de cada mañana te cambiará. Tu “yo” de las seis de la tarde te lo agradecerá.


















